Luz León
Asistente de Pastoral
Universidad del Pacífico, Perú

En estos momentos nos encontramos frente a una crisis socio-ambiental, como lo expresa el Papa Francisco en la encíclica Laudato Si, situación que nos involucran y debemos afrontar. Esta a su vez trae grandes desafíos y carencias, ante ello: ¿los jóvenes de hoy se encontrarán preparados para afrontarlos?

Desde el momento de la creación y parte de nuestro pasado, el hombre vivió en armonía con su ambiente y como muestra tenemos a nuestros ancestros, los Incas, quienes tenían un gran respeto hacia la naturaleza en sí, ya que era ella quien brindaba los recursos básicos para poder subsistir. Sin embargo, la ambición, el deseo de poder fue acrecentando cada vez más, hasta el punto de que se llegue a la etapa en la que nos encontramos viviendo ahora. Por ello, podemos decir que esta crisis no es algo que nació en este siglo, es más bien el resultado de todas las acciones que se han realizado con el paso del tiempo, las cuales reflejan que hemos ignorado esta situación por nuestra ambición y egoísmo, y principalmente demuestra que la libertad humana no tiene límites.

Nuestras actitudes como habitantes del planeta demuestran nuestra crisis espiritual. Los jóvenes hoy en día pueden decir que no son los causantes de esta crisis, sin embargo, sus comportamientos manifiestan la falta de compromiso y respeto hacia su medio y los demás, lo que hace que más adelante se tenga como resultado la crisis socio-ambiental. Para que los jóvenes pueden enriquecer su espíritu necesitan, en primer lugar, poder comprender lo que Dios, por medio del Espíritu Santo, desea de cada uno de nosotros. Para comprender el deseo de Dios, ellos necesitan llegar a la reconciliación consigo mismo y así poder discernir sobre la orientación que da a su vida.

Pensar que nosotros somos dueños de la tierra y olvidarnos que esta es, más bien, un regalo de DIOS para nosotros sus hijos o desear mi desarrollo profesional como único objetivo en la vida es muy vacío. Los jóvenes universitarios de hoy están envueltos en la idea de competitividad, la cual genera un individualismo y conlleva a la crisis socio-ambiental.

Esta juventud en su etapa universitaria se encuentra en una lucha constante por ser más competente y competitiva. Sin embargo, será que en estos momentos que nos encontramos viviendo en una etapa de crisis ambiental, como uno de los grandes problemas que nos afectan a todos, sea necesario que los jóvenes se preocupen por ser más competente y dónde se forma su lado reflexivo y de concientización por lo que ocurre en su entorno o cómo logramos que junto a ese ímpetu por lograr el éxito profesional sembremos en sus anhelos el deseo de convertir el país en un lugar más justo. ¿Cómo podemos equilibrar el crecimiento profesional con lo espiritual?

La universidad cumple un rol importante, ya que se torna en un ambiente donde se forma a los futuros profesionales que deben estar preparados para poder afrontar los complejos problemas del mundo. Esta preparación no estaría enfocada solo en lo académico, sino más bien debería ser un “apostolado intelectual”, como lo denominó el Padre General en su discurso en la universidad Antonio Ruiz de Montoya de Lima. Este apostolado intelectual consiste en que la universidad es el lugar que permite combinar el aspecto intelectual por medio de la reflexión y realizar un servicio calificado desde la misión de la iglesia. Para reforzar esta idea se puede tomar las palabras del Papa Francisco, quien exhorta a los jóvenes que estudiaron en una universidad jesuita a que tienen que “estar en tensión continuamente entre el cielo y la tierra y él. No puede esconder la cabeza como lo hace el avestruz, de la realidad de la tierra; no puede hacerse un mundo aislado con una religiosidad light frente a la realidad de Dios”. Estas palabras expresadas por el Sumo Pontífice nos llevan a reflexionar acerca del rol que ejerce la pastoral universitaria, ya que ella contribuye a la formación espiritual de los jóvenes universitarios.

Las universidades expresan su ideal de profesional que desean formar por medio de su visión y misión, y estas se verán reflejada en los servicios o actividades que se les brindan a sus estudiantes. En el caso de la Universidad del Pacífico, por medio de la oficina de pastoral, desea brindar a los estudiantes la oportunidad de tener un espacio para poder reflexionar sobre sí mismo y la dirección que le dará a su profesión, además proporcionarles experiencias que los ayuden a conocer, amar y seguir a Jesucristo y, así vivir las distintas dimensiones de la espiritualidad ignaciana. Asimismo, lograr impulsarlos al compromiso cristiano en las fronteras culturales, sociales y religiosas, propias de la realidad peruana.

Las actividades realizadas en la oficina pastoral permiten profundizar el compromiso con el apostolado intelectual. Es decir que nuestros jóvenes cuentan con la capacidad de equilibrar lo espiritual con lo intelectual y esto se demostrará en el momento de ejercer su profesión, ya que cuentan con la capacidad de discernimiento frente a situaciones en las que impliquen la armonía con su medio y con su prójimo.

Las actividades de la oficina de la pastoral son Caminata en Azpitia, la cual tiene como propósito promover el contacto con la naturaleza y mayor sensibilidad con el ambiente; Coloquio Ignaciano es un espacio de convivencia y compartir experiencias desde la espiritualidad ignaciana con otros líderes universitarios de diferentes partes del país; Comunidad Íñigo busca por medio de un proceso que inicia en el autoconocimiento, luego conocer aspectos de la espiritualidad ignaciana, conocer la realidad peruana y sensibilizarnos a ella y finalizando con el impulso al compromiso por medio de su profesión a nuestro país; Misión en Jauja y Pampa Cangallo estas misiones tienen como fin la posibilidad de llevar a la práctica la parte académica en los ámbitos de la realidad peruana; Navidad en el Asilo su principal fin es sensibilizar a los jóvenes con personas de la tercera edad que requieren de ayuda. En este proceso se apoya a los estudiantes a que profundicen su visión por medio de la reflexión y de esa manera puedan contar con las competencias para poder llevar a la práctica el discernimiento en su quehacer profesional. Por ello, podemos decir que la universidad, como lo expresa el Padre General de la Compañía en su discurso en la universidad Antonio Ruiz de Montoya, es un espacio privilegiado para desarrollar la dimensión intelectual en la acción apostólica.

En ciertas ocasiones la misma sociedad nos permite tener experiencias las cuales nutren nuestro quehacer estudiantil, sin embargo, en la pastoral universitaria hemos buscado la forma de que los estudiantes tengan la oportunidad de ir más allá de lo que en sus clases pueden llegar a conocer.

Lo invitamos a leer la edición Nº47 de la Carta de AUSJAL

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